En la industria de alimentos, cada minuto perdido puede traducirse en producto desperdiciado, pérdida de trazabilidad o incluso ruptura de stock en un punto de venta. Cuando se trata de alimentos deshidratados, el desafío se multiplica: son sensibles a las condiciones ambientales, tienen ventanas de vida útil estrictas y requieren un control absoluto desde su ingreso al almacén hasta su salida hacia el cliente final. En muchas empresas, la operación crece más rápido que la capacidad instalada, y eso deja huecos en la visibilidad, fallas en el surtido y procesos que ya no responden al nivel de exigencia del mercado.
Este era el escenario de una compañía mexicana, líder en la producción de alimentos deshidratados, que enfrentaba pérdidas crecientes por producto dañado, desorden operativo y poca trazabilidad en su centro de distribución. A pesar de contar con un volumen de negocio creciente, el CEDIS funcionaba con herramientas limitadas y procesos heredados que no ofrecían la agilidad ni el control que el contexto exigía. La necesidad de intervenir era clara: no se trataba solo de mejorar, sino de evitar que el crecimiento mismo se volviera insostenible.
El diagnóstico de LDM reveló exactamente eso: una operación sin visibilidad, rutas internas ineficientes, procesos manuales propensos al error y una desconexión entre la estrategia de abastecimiento y la ejecución operativa. La solución comenzó con un rediseño completo del layout del almacén, orientado a proteger el producto de la humedad y facilitar el tránsito eficiente. Paralelamente, se implementó el sistema WMS de Manhattan Associates, una plataforma que permitió digitalizar y centralizar el control de inventarios, con trazabilidad desde el primer punto de contacto hasta la salida del producto.
No se trató solo de instalar software. Se reestructuraron los procesos de recepción, almacenamiento y surtido, se desarrolló una estrategia adaptada a la manipulación de producto a granel, y se capacitó a los equipos para operar con precisión bajo el nuevo sistema. Esta intervención no solo estabilizó la operación, sino que abrió una nueva etapa para la empresa.
Los resultados no tardaron en reflejarse. La productividad del CEDIS aumentó significativamente gracias a rutas optimizadas y un equipo alineado con procesos más claros. La trazabilidad completa del inventario, con información en tiempo real, permitió tomar decisiones más rápidas y reducir drásticamente los errores. El Fill Rate mejoró de forma consistente y la merma por condiciones de almacenamiento inapropiadas se redujo casi por completo.
Más allá de los indicadores, lo que se logró fue una transformación operativa: pasar del control reactivo a una gestión proactiva, basada en datos, con una infraestructura lista para sostener el crecimiento que antes amenazaba con colapsarla.
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