Última milla: 5 errores que están aumentando tus costos de entrega

La última milla suele concentrar una parte importante de los costos logísticos. Sin embargo, cuando estos aumentan, muchas empresas atribuyen el problema al precio del combustible, el tráfico o la disponibilidad de transporte. Aunque estos factores influyen, rara vez son la causa principal.

En muchas operaciones, los sobrecostos comienzan mucho antes de que el vehículo salga del centro de distribución. Un pedido preparado con errores, una dirección incompleta, una mala planeación de rutas o la falta de información en tiempo real pueden generar retrasos, reintentos de entrega y un uso ineficiente de los recursos.

Optimizar la última milla no significa únicamente recorrer menos kilómetros. También implica eliminar las ineficiencias que incrementan el costo de cada entrega sin aportar valor al cliente.

1. Preparar pedidos con errores desde el centro de distribución

La eficiencia de la última milla comienza dentro del almacén.

Si un pedido contiene productos equivocados, cantidades incorrectas o documentación incompleta, el problema ya está presente antes de iniciar el recorrido. Cada error puede traducirse en devoluciones, entregas parciales o nuevos viajes para corregir la incidencia.

Además del costo del transporte adicional, estas situaciones afectan el nivel de servicio y reducen la capacidad de atender nuevos pedidos.

Por ello, mejorar la preparación de pedidos es una de las primeras acciones para reducir los costos de entrega.

2. Planificar rutas sin considerar las condiciones reales de la operación

La distancia no siempre determina el costo de una entrega.

Una ruta aparentemente eficiente puede perder productividad cuando no considera horarios de recepción, restricciones de acceso, ventanas de entrega, zonas de alta congestión o prioridades de los clientes.

Cuando las rutas se construyen únicamente con base en la ubicación geográfica, es común encontrar vehículos que recorren más kilómetros de los necesarios o permanecen detenidos durante largos periodos.

La planeación inteligente de rutas permite aprovechar mejor la capacidad disponible y reducir tiempos improductivos.

3. Trabajar con información desactualizada durante la entrega

Uno de los mayores desafíos de la última milla es la falta de visibilidad.

Cambios de dirección, pedidos modificados, entregas reprogramadas o incidencias en ruta pueden quedar fuera del conocimiento del operador cuando la información no se actualiza en tiempo real.

Esto genera llamadas constantes, retrasos y decisiones tomadas con datos incompletos.

El uso de dispositivos móviles, aplicaciones de movilidad empresarial y captura digital de información permite mantener sincronizados a operadores, supervisores y clientes durante todo el proceso de entrega.

4. No medir las entregas fallidas ni sus causas

Muchas empresas conocen cuántas entregas realizaron durante el mes, pero pocas analizan por qué algunas no pudieron completarse.

Una entrega fallida no solo representa un cliente insatisfecho. También implica nuevos recorridos, mayor consumo de combustible, utilización adicional del vehículo y tiempo operativo que deja de destinarse a nuevas entregas.

Identificar las causas más frecuentes —como direcciones incorrectas, ausencia del destinatario, documentación incompleta o errores en la preparación del pedido— permite implementar acciones correctivas y reducir costos de forma sostenida.

5. Pensar que la última milla depende únicamente del transporte

Uno de los errores más comunes es considerar que la última milla comienza cuando el vehículo abandona el centro de distribución.

En realidad, la eficiencia de la entrega depende de múltiples procesos previos: una correcta preparación de pedidos, información confiable, identificación adecuada de la mercancía, documentación completa y una coordinación efectiva entre las diferentes áreas de la operación.

Cuando alguno de estos procesos falla, el impacto termina reflejándose en mayores costos de transporte, tiempos de entrega más largos y menor nivel de servicio.

Por ello, optimizar la última milla requiere una visión integral de la cadena de suministro y no únicamente mejoras en la gestión de la flota.

La última milla es el resultado de toda la operación logística

Reducir los costos de la última milla no depende exclusivamente de encontrar rutas más cortas o incorporar nuevos vehículos. La verdadera diferencia está en eliminar las ineficiencias que acompañan cada entrega desde el momento en que se recibe el pedido hasta que llega a manos del cliente.

Las organizaciones con operaciones más eficientes entienden que la última milla es la consecuencia de una cadena de procesos bien coordinados. Cuando el almacén, la preparación de pedidos, la identificación de la mercancía, la movilidad y la visibilidad operan de forma sincronizada, las entregas son más rápidas, los costos disminuyen y el nivel de servicio mejora de manera consistente.

En un mercado donde la rapidez ya no es un diferenciador sino una expectativa, optimizar la última milla significa construir una operación capaz de entregar con eficiencia, precisión y capacidad de respuesta en cada pedido.

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